A Contra Corriente
…de todo lo que fue y lo que seráArchivos para Julio, 2008
…no preciso que lo entiendan ni que me acerquen las respuestas
En lo profundo de mi ser las respuestas navegan, se acercan y las toco, las tomo y las dejo ir cual ave en libertad. ¿Porqué me niego a retenerlas, a hacerlas mías y parte de mi a trascenderlas? La respuesta a eso también la he dejado ir. Ahora soy yo la que navego a ciegas pero con los ojos del corazón bien abiertos absorbiendo todo, pero reteniendo todo, encapsulándolo hasta hacerlo inalcansable. Cegada por mi hipocresía o por mi vanidad, tal vez por mi egoísmo o por esa tendencia al riesgo a lo desconocido; a lo prohibido que se vuelve alcanzable y deseable. Navego a contra corriente de todo lo cotidiano, lo socialmente aceptable o lo políticamente correcto. Navego temerosa, no de lo que pueda pasar, sino de lo que no pase; de lo que no llegue; de lo que no exista en mi mente y sin embargo esté ahí afuera. Navego enojada con todo menos con la vida; con mi cobardía perenne de aceptar y seguir adelante. Navego cansada de no estarlo de postergarlo. Así navego todos los días, con excepción de las horas en las que estoy con los pies en el suelo, cuando algo me roza o cuando me doy cuenta de que no estoy sola.
…un coqueteo a la vida
No puedo dejar de recomendarles una excelente película sobre la vida de Jean Dominique Bauby, sobre todo a aquellos que creen (creemos) que se le viene el mundo encima porque la escuela es muy demandante o el trabajo les quita el aliento hasta ya no poder respirar o porque apelan demasiado a ese dicho de “hoy no es un buen día, me levante con el pie izquierdo”. Es una singular cachetada con guante blanco para aquellos que alguna o varias veces en la vida hemos sentido ese sinsentido de la misma, que no vale la pena levantarse de la cama o la inutilidad que nos rodea puede más que cualquiera de nuestras capacidades. Tampoco digo que por arte de magia al salir de la sala con la voz entre cortada y lágrimas en los ojos, vayan a hacer y deshacer todo lo que no se han atrevido a hacer y su entusiasmo por la vida y por lo que puedan hacer de ella sea eterno, que mejor, pero lo único que quiero decir es que por más que no se pueda rasquemos entre todo lo negro que vemos a veces en nuestras vidas para encontrar un parpadeo que nos libere de esa estadía de cerrazón deprimente. En su libro Jean-Do, se pregunta: ¿Hace falta un “síndrome de cautiverio” para hacer al hombre consciente y para que los demás empaticen?, ¿Necesitamos enfermar para que los ángeles aparezcan y nos ayuden? Mi respuesta racional, totalmente pensada, es NO, el problema está cuando los sentimientos te impiden razonar con claridad.