Muchas veces me salen tan bien los sentimientos, por cada poro de mi piel y otras tantas nada más no puedo expresar todo lo que tengo dentro estallando sin parar pero sin poder salir. Hoy es un día de estas últimas ocasiones en donde siento el palpitar de mi corazón aunque no haya un momento de silencio a mí alrededor, lo escucho, lo siento bailar en mi pecho, y solo puedo decir que estoy contenta. De camino a mi casa me descubrí sonriendo sin darme cuenta, sin seguir esas señales que el cerebro manda a los músculos para que se muevan. Simplemente sonreí y me alegró encontrarme así.
Pero ¿será posible alegrarme porque estoy alegre?, o esa alegría hace parecer que cuando se razona podamos creer que nos alegramos de estar alegres y en realidad simplemente estamos alegres y no nos alegramos de estarlo, porque lo estamos, lo cual significaría que jamás voy a estar triste de estar alegre, o enojada de sonreír. Y entonces resulta que es muy complejo entender el estado de alegría de una persona, incluso el propio; y expresarlo, aún más. Habemos personas que cuando estamos eufóricamente contentos, lloramos, ¿cómo es eso?, ¿qué no llorar es para expresar tristeza? Pues déjenme decirles que no necesariamente. Llorar es una forma de expresión que resulta de una emoción provocada por un sentimiento y no directamente cometida por el sentimiento propio. Esa emoción, que nos hace vibrar, ponernos la piel de gallina, tener dolor de estómago o nauseas, esa emoción que puede atrapar a cualquiera de los sentimientos es la que provoca que fisiológicamente nos salgan, en algunos casos y seres, lágrimas de los ojos. Sin embargo, la sensación no siempre es agradable claro está. Cuando lloramos de alegría, desde mi muy personal punto de vista, es porque estamos experimentando una tremenda descarga emotiva por algún suceso en particular y que resulta escaso solo gritar, abraza, besar, cantar o bailar, hay que llorar. No obstante, cuando lloramos de dolor y no estoy hablando de dolor físico sino emocional, resulta ser de las peores sensaciones que uno pueda tener. Es como una pérdida que sabemos es irremediable, o por lo menos en ese momento de ofuscamiento así lo percibimos. Lo mismo sucede cuando lloramos de coraje, es una cantidad de emociones muchas veces reprimidas que tratan de salir por el minúsculo agujero que tenemos en los ojos y que sabiamente nos tranquiliza al momento en que gota a gota la rabia sale lentamente.
Afortunada soy, que en este momento en el que no sé en realidad porque siento lo que siento, lo que siento me da alegría y no tristeza o enojo. Y por eso me emociono y no quiero llorar porque así como con la tristeza y la rabia, mi felicidad se puede escapar de mis ojos y correr por mis mejillas hasta secase y desaparecer.
Hola,
decidí comentarte, porque he leído tu artículo (éste) cien veces, y me dejo prendida desde la primera vez que lo leí..
Y es que todos-creo- experimentamos un alivio (como un desahogo) al llorar por coraje… Yo lo hago tan a menudo!
Pero analizar la alegria, … retenerla…
La cosa aquí es que es muy probable que así sea!
Agotas esa adrenalina acumulada, hasta que tu cuerpo no puede mas que solo pensar, pero ya no sentir..
En fin, es muy confuso detallarlo, (sobre todo en un lenguaje no abstracto)…
Excelente post!…
Me declaro seguidora!
un saludo…
Betty
bettygonzalez.wordpress.com