Muchas veces cuando los problemas se vuelven cotidianos o parecen imposibles de resolver nos enfrascamos en las quejas y debates criticando la forma en la que se están o no resolviendo sin ocuparnos de lo difícil: encontrar una solución. Cuando son temas de interés social, nacional, la solución que más peso tiene, o por lo menos, la que tiene posibilidades de llevarse a cabo con mayor probabilidad o impacto, es la que surge del gobierno. Y está demás decir que no siempre es ni la mejor ni la única solución, de hecho, podría decir que en múltiples ocasiones las soluciones a diferentes problemas, elaboradas por el gobierno son erradas porque no conocen el problema de fondo, porque no entienden que lo que ven fue generado por algo mucho más arraigado, añejo o enquistado y por lo tanto no atacan el problema sino la consecuencia de tal.
Y bueno todo este rollo para hablar de lo más hablado desde hace ya unos meses…incluso desde que se lanzó la iniciativa los debates estuvieron acalorados. Me refiero a la guerra que declaró Felipe Calderón contra el narco.
Una definición de OPTIMISMO un tanto pesimista o tal vez apática más que nada es: El optimismo es aquello a lo que te aferras para tener una esperanza de que todo saldrá bien cuando la realidad es otra. En este sentido, en los últimos días de estrés por trabajo, preparativos de eventos importantes en mi vida que están a la vuelta de la esquina, nuevo jefe, etc., etc…he tratado de ironizar un poco la estupidez de Feli-pillo para eliminar la saturación mental que de vez en cuando me paraliza. Entonces logré ponerle otra explicación (que finalmente llega a lo mismo) a lo que este personaje que pasará a la historia del país y probablemente aparezca en los libros de texto gratuitos para la educación pública de mis nietos.
Explicación:
FCH se vale de conceptos difíciles de interpretar como el OPTIMISMO para, no sólo decir mentiras sino para expresarlas. Cosa que mucha gente realmente se cree aunque parezca inaudito, imposible incomprensible…en fin.
El narcotráfico, y hablaré de México porque aunque tenga sus características generales y observadas en muchos países, hay particularidades que no podría afirmar suceden de la misma forma fuera del país, se ha fortalecido a tal grado que en muchos lugares del país es la institución que gobierna y genera desarrollo en lugar de que lo haga la institución creada para eso. Esto por varias razones: gracias a la anuencia de muchos políticos corruptos que reciben jugoso beneficios de este negocio; a una sociedad poco crítica, poco informada y muy apática; a la situación de pobreza y marginación que vive la mitad de la población del país; a la falta de sentido o ideales de vida de las nuevas generaciones como los ninis presas excelentes para entrar en las filas del narco…entre otras. Además, si incluimos las redes de delincuencia organizada que se generan alrededor del flujo migratorio indocumentado que cruza el país para llegar a EEUU la cosa se pone peor.
Después del hallazgo de los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas las teorías generadas para explicar tal suceso y aprovechar, desde mi punto de vista, darle otro “golpecito” al narco y aprovechar para que el gobierno se parara el cuello frente a esa sociedad que les comentaba, son erradas, poco creíbles, incluso absurdas. Pensar que los “Z” mataron a todos esos migrantes porque no quisieron formar parte de su red delictiva me parece una total y rotunda aberración, una estupidez. ¿Por qué gastarían fuerzas y recursos en matar a tantos? por lo menos yo no tengo una respuesta lógica. Si en algún momento pensaron que los denunciarían si los dejaban ir es algo que jamás hubiera sucedido. Los migrantes indocumentados lo que menos quieren es tener relación con algún tipo de autoridad, aunque sepan que pueden denunciarlos en caso de que violen sus derechos humanos, puesto que eso significaría, con toda seguridad, que después de su denuncia y “esperemos” conforme a la ley, los deportarían a sus respectivos países.
Entonces el problema que ha generado el narco y la fortaleza que ha logrado no se resuelve atacando al narco mismo, por lo menos no únicamente, eso es solamente la punta del iceberg que en lo profundo tiene un problema crónico que desafortunadamente se ve más como costumbre que problema.
Los valores de la sociedad actual se han vuelto cada vez más económicos, tener, tener, tener para poder ser alguien, pero si no estudias, si no trabajas no puedes tener nada y si no tienes nada no eres nadie y así qué importa qué es lo que quieras y que no, de tu vida. PRESA perfecta para el dinero fácil que ofrece el narco. Pero ¿por qué estos valores, por qué este sin sentido de la vida?, ¿por qué la violencia en ascenso?
Hace poco leí un reportaje que habla de una empresa constructora que hizo grandes centros habitacionales de INFONAVIT. Resulta que estos centros estaban construidos sin una buena planeación, con materiales de muy baja calidad y con conexiones insuficientes para la cantidad de gente que iba y venía cotidianamente. Muchas de las casas están abandonadas porque les resultaba imposible vivir en esas condiciones, además la gente del lugar enojada con la vida por esas situación y sobre todo con las promesas que les habían hecho de un nivel de vida digno provocaron que se empezaran a formar pequeñas células de delincuentes en unos casos y gente violenta en otros. Este es uno de muchos casos similares en donde la gente no tiene oportunidades de vivir bien; gente con un ingreso que no le alcanza para comprar una canasta básica de más de 850 pesos mensuales, monto que utiliza el CONEVAL para establecer la línea de la pobreza extrema, en fin. Cosas que si las dimensionamos a millones de habitantes se vuelve un problema de política pública que lleva décadas y que no se ha podido atacar de forma eficiente y que las consecuencias son aún más graves como el ya mencionado fortalecimiento del narco.
Alejandro Solalinde, un verdadero SER humano y con el que estuve en Ixtepec Oaxaca en la casa de migrantes y que algunos de ustedes tuvieron el gustazo de conocer. Hizo una reflexión sobre lo acontecido en Tamaulipas días pasados con los 72 migrantes hallados. Me gustó mucho, es una reflexión que denota su vocación religiosa, sin embargo la analogía que logra me resulta la política pública que necesita el gobierno para iniciar con un cambio verdadero.
REFLEXION:
MASACRARON NUESTRA CARNE, PERO NO NUESTRO ESPIRITU.José Alejandro Solalinde28 de Agosto de 2010Dice en Eclesiastés que hay tiempo para todo. La irreparable muerte de nuestros entrañables hermanas y hermanos latinoamericanos, nos está avisando que llegó el tiempo de volver a casa; de volver al Padre, con todos. Y es tiempo de volver por el Camino, que es Jesucristo. Pero no entender ese volver como rezar mucho y hacer más actos de piedad; sino tener más piedad entre nosotros mismos. Es tiempo de poner a Dios en su lugar, en ese lugar usurpado por el poder sobre otros; por el tener y la acumulación superflua, anticristiana, frente al hambre de millones de empobrecidos que, ni siquiera tienen el privilegio de ser explotados, por que son excluidos del aparato productivo. Hoy cualquiera usurpa el lugar de Dios: de la A, a la Z, todos los que detentan el poder y siembran violencia. Esta generación ha traicionado al Dios revelado por Jesucristo; ese Padre que no dudó ni una eternidad en enviar a su propio Hijo para que comprendiéramos la magnitud de lo que valemos. ¡Valemos la sangre del Hijo de Dios! Por eso es también el momento para dejar nuestras idolatrías, a veces disfrazadas de lo sagrado, para volver a Dios.Más que nada, es tiempo de volver a nosotros mismos, al ser humano, y ponerlo en el centro de nuestra atención, de nuestro amor. Es tiempo de rebelarnos ante toda acción que pretenda ponerle precio a la vida humana. Cristo nos liberó, dándonos la dignidad de hijos de Dios. Reducir a cualquier ser humano, sobre todo a los pobres, a las personas transmigrantes, al nivel de mercancías, y cobrarles dinero para ejercer su condición de hijos libres, es un crimen que clama al cielo. Por otra parte, con papeles o sin papeles, todos, as, tenemos la misma dignidad de los Hijos de Dios.Yo reto a que algún gobierno exhiba la firma de Dios, en un documento notariado, donde Él acepte: muros, barreras, fronteras, políticas migratorias que justifiquen la humillación, mal trato y muerte de miles de hermanos y hermanas, cuyo delito es buscar mejores condiciones de vida. ¿Alguien puede mostrar su factura del mundo?Esta masacre cobarde y ciega, nos está gritando que es también tiempo de misericordia, para mirar sin prejuicios, sin clasificar a las personas en “buenas” y “malas” , sin exclusiones, ni fragmentaciones. Nosotros nos convertimos, no sé desde cuándo, en una sociedad que juzga, sentencia, castiga y excluye, y casi siempre, segrega. Las soluciones a las conductas antisociales, pensamos que consisten en más castigos, mega cárceles y sentencias más largas. Si Jesucristo viniera, hoy, en persona, se pondría en medio de nosotros y nos volvería a decir: “El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”Así fuimos educados, en una justicia punitiva. Por la misma razón, muchos todavía creen en un Dios que castiga, igual que nosotros. Mucho nos ayudaría adoptar una justicia restaurativa, capaz de reeducar las relaciones, rehabilitar a la persona, y reintegrarla a la sociedad desde una nueva conciencia re-formada por el respeto y elamor. Nadie cambia a palos. Nuestros sistemas son represivos; en la práctica no reeducan.Por supuesto que los culpables de este horrenda matanza, tienen que afrontar las consecuencias de su actos. Esperamos que se haga justicia, pero nos cuestionamos también: ¿En la cárcel habrá condiciones para su rehabilitación? Lo más seguro es que no. Se agregará una violencia más a las anteriores que han sufrido desde niños.En medio de esta dolor de matanza fratricida, Jesús nos sigue llamando al banquete de su Reino. A ese banquete del Reino, están invitados en primer lugar, contra lo que pudiera pensarse, no los que se consideran buenos, sino los pecadores, los criminales de todo tipo. Están invitados: los Zetas, los secuestradores, los políticos corruptos, los policías abusivos, los jueces que han vendido la justicia, los funcionarios ineptos, los que comercian con la vida de sus hermanos, los pastores que han abandonado a sus ovejas, y todos los que hemos contribuido, por comisión o por omisión, a la impunidad y corrupción. En este año de aniversarios, cada acto de corrupción, es una traición a la patria.Y si por esta masacre exigiésemos nada más una investigación “hasta sus últimas consecuencias”, nos responderán que “se aplicará todo el peso de la ley”, “ que se buscará a los culpables, caiga quien caiga”. Nosotros sabemos por experiencia, que esto no sucederá. Y ahí está la matanza de Acteal, Aguas Blancas, los casos de Digna Ochoa, Manuel Cloutier, Colosio, Ruiz Massieu, Posadas un sinnúmero de periodistas, sin contar todos los muertos y muertas en este sexenio. No, esas soluciones oficiales, declarativas se ahogarán en la impunidad, en el “no pasa nada”. Tampoco removerán a ningún funcionario o funcionaria, por más presiones que haya.Urge buscar, todos juntos, soluciones; pero soluciones de fondo, no paliativos. Hoy más que nunca, podemos encontrar respuestas en la sabiduría de Jesús, el Hijo de Dios. Si urge salir de esta crisis; si hay que recomenzar muchas cosas, ¡Podemos recomenzar desde Jesucristo! ¿Por qué no darnos esa oportunidad? Después de todo, ya llevamos 2 mil años organizando crisis.Efectivamente, Dios es un misterio inabarcable, por que es más grande que nosotros. Y tal vez, lo más difícil de comprender, en las enseñanzas de Jesús, sean, la misericordia y el amor gratuito del Padre. ¡Cómo entender que Dios rechaza la escoria, pero ama a los que son considerados como escoria social! ¡No es fácil aceptar que Jesús buscaba a los más odiados de la sociedad y comía con ellos! Ciertamente no se acercaba a ellos para felicitarlos por su mala vida, sino para convertirlos a partir de una experiencia de amor y de respeto. Después de todo, son ellos los primeros damnificados de la descomposición social, del abandono de los pastores, de la inoperancia institucional. Nosotros miramos como jueces; Pero Dios mira como un padre.Esta matanza es una suerte de deshumanómetro., que marca un hito en nuestro descenso. Nos revela que los asesinados no fueron 72, sino muchos más: lossecuestradores, los asesinos, ¡ya iban muertos! Los mató hace mucho, una sociedad que no les dio amor!, ¡Los mató un sistema que niega oportunidades lo mismo a jóvenes, que a viejos! ¡Los mataron muchas instituciones que ya no sirven al hombre, sino que se sirven de él!, ¡Los matamos todos con nuestra cobardía!Dios nos ama, a pesar de ser pecadores, no por lo malo que hacemos, sino por que estamos ciegos; por que toda nuestra vida estamos aprendiendo, pero principalmente, por que él es bueno. Su amor es gratuito. Y el grado más incomprensible de ese amor, es ¡el amor a nuestros enemigos! Que amemos a alguien que ha dañado a otros, es posible; pero amar a alguien que nos ha dañado a nosotros mismos, es inaceptable. Desde una postura de jueces, nunca lo vamos a aceptar, pero desde la misericordia divina; desde su mirada amplia, lo podemos lograr. ¡El corazón entiende más que la razón!.Si las 72 personas masacradas se negaron a ser sicarios, victimarios de sus propios hermanos, podemos afirmar, siguiendo los criterios de Jesús, que ellos son mártires, pues él dice que “nadie ama más a sus amigos, que aquel que da la vida por ellos”. Entonces ellos viven ya con Dios. Pero los asesinos aún permanecen muertos, aguardando una resurrección social. ¿Llegará?Si Jesucristo en persona, viniera en este momento a México, estaría buscando a los Zetas e infractores de las demás letras. Sólo él conoce las posibilidades de cambio de cada quien, nuestras partes necrosadas. Urge valorar al ser humano; declararnos a favor de él en todo lo que hagamos, negarnos a dañarlo; hacer bien las cosas, servir con alegría.Jesús nos invita a todas, a todos, al banquete del Reino, tratándonos mejor todos, comenzando por los de casa.La relación fraterna se ha roto por la violencia y el desamor. Se ha roto por todos lados. Esta espantosa matanza es una oportunidad para aprender de ella. Algunas de estas víctimas nos enseñaron que, nuestros semejantes valen más que una oferta de dinero manchado con la sangre fraterna. Estos transmigrantes tan mal vistos por muchos, prefirieron morir, antes que matar a sus propios hermanos. Si esta lección de vida cristiana la aplicásemos a la política, diríamos que es preferible morir a oportunidades corruptas, antes que matar las esperanzas y los derechos de las mayorías. Si esto lo aplicásemos a la economía, declinaríamos a obtener dinero a costa del empobrecer a otros. Si esto lo aplicásemos a legisladores, diríamos que es preferible conformarse con su sueldo, antes que mercar con los intereses de todos los mexicanos. Si esto lo aplicásemos al poder judicial, seguramente que se brindaría un servicio imparcial, antes que matar el estado de derecho, y el derecho de todos, para acceder a la justicia.Pero esta tragedia es además, un llamado de última hora, previo a un estallido entre connacionales. Cuando hace unos 4 años, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, a través de la Quinta Visitaduría y la Dimensión Pastoral de la Movilidad Humana, advertimos que si no se paraban los secuestros contra migrantes, despuésse iban a generalizar contra todos. Y así ha sido. Si no se respetan hoy los derechos de los migrantes, tampoco respetarán los de los connacionales. Este es un llamado de última hora, antes de la contienda por el 2012, donde la política sin alma, buscará su propio interés, sin importarle la gente. Se busca el poder, por el poder, no el servicio.Este momento es una excelente oportunidad para pensar en el bien de México, que necesita grandes transformaciones. Todas y todos los que vivimos aquí, tenemos los mismos derechos, la misma dignidad. Merecemos un país mejor, no la vergüenza que es hoy ante el mundo. No nos explicamos por qué, si nuestro país es tan rico, la mayoría está tan empobrecida. De pilón, ¡tenemos al hombre más rico del mundo!. El sistema neoliberal de mercado, justifica la acumulación de dinero. Pero la acumulación, sobre todo si se ha obtenido generando explotados, en aras de la producción, es una usurpación de Dios, único dueño de todo. Que quede claro: ¡nadie es dueño de nada! Somos, solamente usuarios y administradores. Nada nos llevaremos de aquí, y sí en cambio, un juicio por haber acaparado, y haber dado sólo limosnas, en lugar de construir sistemas más equitativos y humanos, con oportunidades para todos y todas.Esta matanza de hermanos del sur, puso en evidencia nuestra ceguera y nuestra lejanía del proyecto de Dios: su Reino. Pero más que nada, nos mostró que, las personas transmigrantes del sur, los seres humanos, valen, en cuanto dejen dinero. Si no lo traen consigo; si no se lo pueden sacar a su familia, mediante el secuestro; y si tampoco aceptan generar dinero como sicarios, ¡hay que matarlos!. Ya no sirven para nada. Son desechables. ¡Son gabazo de caña! Así quedaron esos pobres hermanos, listos para la basura, nada más que no les dio tiempo a los encargados de la “limpieza”, para que ni rastro quedara de “esa basura”. Todo parece indicar que se seguirá triturando más caña y arrojando el “gabazo” a la basura.Todos los que creemos en Cristo; todos los hombres y las mujeres de buena voluntad, estamos convocados a unir fuerzas a favor del ser humano. ¿Aceptamos la invitación para trabajar por la paz?