A Contra Corriente

…de todo lo que fue y lo que será

A Jorge G. Castañeda

D.F., a 10 de marzo de 2011

A Jorge G. Castañeda,

Hoy 10 de marzo, cuando abrí el periódico Reforma en su sección de Opinión lo hice con la intención de leer, como cada jueves, el artículo de Lorenzo Meyer, colega por sus estudios en Relaciones Internacionales, al que admiro mucho.

Sin embargo, al ver tu columna recordé que de vez en cuando también podemos leerte los jueves y reconozco que, por lo general, lo hago porque siempre levantas en mi, muchos razonamientos, me haces reflexionar, coincidir con algunas cosas, pero disentir en otras.

Uno de mis mayores intereses académicos es entender la existencia de la pobreza en el país, los factores que la describen y modifican. Estaba en una búsqueda de los nuevos datos de la situación nacional precisamente en el contexto de los nuevos resultados del censo del INEGI y coincidió mi acostumbrada búsqueda por Meyer, mi búsqueda de datos y tu artículo (esas cosas me pasan seguido y trato de no hacerles caso, pero no puedo evitar pensar que suceden por alguna razón), en fin, esta fue la reflexión que logré después de leerte y que no pude evitar compartirte, con toda la intención de lograr en ti lo que lograste en mi: algo que decir al respecto.

Me gustó como inicias tu reflexión; sin embargo, después de leerla no estoy segura de que tus razón previsibles sean las mías.

Tienes toda la razón, la presentación del Censo 2010 de INEGI me daba la misma sensación de poca difusión. No obstante, me gustaría acotar que, efectivamente la fuerte oposición de la población al gobierno actual pueda ser una de las razones del por qué no sería algo recibido con mucho entusiasmo por la sociedad mexicana. Esto hay que tomarlo, sobre todo aclararlo y contextualizarlo en el tipo de población que tiene el país, una población que poca veces podrá ver las acciones de un gobierno de manera aislada, es decir, que si en general las acciones y políticas de los dirigentes son malas todo lo que haga será en primera instancia y última de esa forma. Me parece que hay que mencionar que un gobierno malo muchas veces es así por culpa de malos ciudadanos, en este sentido, la población debería de estar muy atento y ávido de todos los instrumentos que tenga a su alcance para tener bases con las cuales poder evaluar el desempeño, bueno o malo, de los dirigentes que, en teoría, puso ahí.

En este sentido, sería mucho más loable de la población que se interesara en los datos que presenta el INEGI para compararlos con otros instrumentos estadísticos internacionales (por no decir más objetivos) y entonces criticar la veracidad de los datos que presenta este Instituto. Me parece que lo criticable de tu escrito, y que tal vez es un tema a parte de lo que quieres transmitir, es que tomas los datos del INEGI como incuestionables y la poca difusión que ha tenido la presentación del Censo con títulos como “Ya hay menos pobre en México”: INEGI te lleva a desconfiar de su veracidad, por varias razones: por un lado, a finales de 2010 teníamos datos de que México había incrementado la pobreza más que cualquier país en América Latina y por ende estaba sobre la media regional; por otro, sabemos que medir la pobreza y pobreza extrema no es tan sencillo, involucra muchas variables para identificar diferentes tipos de pobreza por lo que hacer una afirmación como la que hizo INEGI resulta muy amplia y puede ser engañosa. En fin, reconozco que no he visto todo el censo como para poner ejemplos de cada uno de los factores que reporta, simplemente aquí una muestra.

Por otro lado, informas en el contexto de tu artículo, las adquisiciones de vivienda, aparatos electrodomésticos y/o computadoras; comentas el aumento al acceso de créditos y luego afirmas que debemos congratularnos por el avance que significa lo mencionado arriba. Ante esto, me gustaría saber qué tanto representa una mejora real, la adquisición de bienes a través de créditos y endeudarse cada día más, es decir, fomentar el consumo en lugar del ahorro; vivir como si se tuviera un ingreso más alto del que en realidad se tiene y en algunos casos con la agravante de que el empleo es temporal o el ingreso es inestable.

Me parece que si, efectivamente podemos estar tranquilos (“[…] congratularnos”) porque la calidad de vida aumenta, pero aumenta a corto plazo, temporalmente y para algunos casos las consecuencias de quedarse sin trabajo o dejar de recibir el ingreso que recibían, resulta más costoso que el beneficio que obtuvieron.

En resumen, creo que deberíamos, por un lado, ser más críticos y no tomar como incuestionables los datos que reportan ciertas instituciones; por otro, entender las verdaderas consecuencias de situaciones que a primera vista parecen mejoras o avances. En todo caso, cuestionar si realmente son avances. Como ciudadanos tenemos derecho a cuestionar todo lo que hace el gobierno sin necesariamente estar en desacuerdo con ello.

Saludos

Valentina Rabasa Jofre

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