A Contra Corriente
…de todo lo que fue y lo que seráArchivos para mayo, 2011
Semana Mayor en 3 actos
2011-04-18
Semana mayor 1. ¿Los narcos creen en Dios?
Héctor Aguilar Camín
Según el censo de 2010, 97 de cada cien mexicanos creen en alguna forma de Dios y practican algún credo religioso (87 por ciento católicos). Sólo 3 por ciento nos declaramos ateos.
¿En qué creemos los que no creemos en Dios? En formas sustitutas de la inmortalidad y de Dios, desde luego, formas de distraernos de la muerte.
Digamos el amor, la fama, el dinero, la permanencia en la memoria de otros: todas cosas triviales si se las compara con la idea de Dios, el más allá, la vida eterna, el cielo o el infierno.
Pocos ateos dan el salto implícito en la frase de Iván Karamazov: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
Pocos actúan en consecuencia, como el hermano idiota de Iván, Smerdiakov, que mata al padre opresivo, el padre que de alguna manera todos los hermanos quieren ver muerto.
Sólo él se atreve y da el salto, autorizado por el dictum terrible de su hermano: “Si Dios no existe, todo está permitido”.
La frase de Iván Karamazov anuncia el salto moral hacia el nihilismo, esa tierra de nadie inherente a la idea de un mundo sin Dios, aun si es el Dios colérico y olvidadizo de la Biblia.
Es el principio del nihilismo: si no creo en nada trascendente, todo es aquí y ahora. Mi aquí y ahora no tiene rumbo ni rienda. Soy mi propio Dios, mi propia medida, mi propia moral, sin otro referente que yo mismo.
Consecuencia moral y filosófica: sin dioses que observan, ordenan, regulan, confortan y oprimen la conducta humana, no hay reglas, no hay límites, sólo la expansión de la voluntad de cada quien.
El mundo sin Dios en la política, vuelto sólo voluntad de poder, es el de Hitler y Stalin, y el de todos los otros reinos utópicos, sustitutos de la Ciudad Dios en este mundo: el reino milenario nazi, la utopía comunista del Gulag, la obligación de la pobreza de Fidel Castro.
Pero estamos en México. Me pregunto cuántos de los mexicanos que se dedican hoy a matar, decapitar, enterrar a otros en fosas anónimas han dado el salto implícito en la sentencia de Iván Karamazov.
Cuántos de estos asesinos son ateos nihilistas y cuántos creen en Dios. Es decir, cuántos son creyentes a su manera esquizofrénica: creyendo y matando.
Cuántos respetan a su iglesia, creen en el cielo y en el infierno, y saben que han optado por éste.
Nuestros creyentes homicidas son un misterio teológico y moral. Han llevado la frase de Iván Karamazov un paso más allá. Parecen decirnos: “Dios existe, mi amigo, pero todo está permitido”.
2011-04-19
Semana mayor 2. Razón y fe
Dijo Tomás de Aquino: “Considero el principal deber de mi vida para con Dios esforzarme para que mi lengua y todos mis sentidos hablen de él”.
Pocos habrán hablado tanto y tan bien de Dios como Tomás de Aquino. Nadie inventó pruebas más breves y elegantes de su existencia, las famosas “cinco vías”.
La primera de ellas es la del “motor inmóvil”, que puede resumirse como sigue: si todo lo que se mueve es movido por algo, algo hubo inmóvil en el principio del movimiento. Ese algo es Dios.
“Ejemplo”, dice Tomás de Aquino: “Un bastón no mueve nada si no es movido por la mano. Por lo tanto es necesario llegar a aquel primer motor que nadie mueve. En este, todos reconocen a Dios”.
Nominalismo, se dirá: la palabra movimiento llama a la palabra inmóvil. Ninguna de las dos describe lo real, lo codifican sólo en bandos contradictorios: conceptos que se reclaman unos a otros en la lógica binaria del lenguaje, pero no en la realidad.
Lo cierto es que cualquier cabeza honradamente racional tendría que rendirse a la fuerza del argumento del primer motor, resuelto por Tomás de Aquino en 200 palabras. (En cierto modo, la ciencia moderna reconoce la idea de un primer motor en el big bang que dispara el universo).
El centro de la catedral teológica de Tomás de Aquino fue hacer compatible la fe con la razón. Pero la fe genuina no es un asunto racional. No se recibe por la razón, ni se adquiere por la voluntad. Se adquiere, en buena doctrina cristiana, por la gracia.
Hablé muchas veces con un amigo creyente sobre esta paradoja: si la fe verdadera se recibe, no se adquiere, es imposible convertir a nadie. Largarse a predicar por los caminos es ocioso, pues nadie convierte a nadie.
La historia de las iglesias nos dice lo contrario: credos en expansión, evangelizaciones masivas. Pero es una historia de conversiones hechas por la espada, la conquista o la conveniencia. La historia de las iglesias dice poco del fuego de la fe, la fe del carbonero que cree porque sí, por su genuino asombro y temor de su soledad en el mundo.
El ardor de la fe verdadera no es carga fácil de llevar, como muestran las vidas de los santos. La fe de las multitudes es una fe dispareja, por su mayor parte epidérmica. La fe que el mundo puede tolerar sin incendiarse: la fe difusa, distraída, amateur, cuando no supersticiosa o idolátrica.
Esa fe común tiene poco o nada que ver con la fe fulminante, venida del cielo, cuyo mandato no acepta sino la rendición incondicional, a la manera de Paulo de Tarso en el camino de Damasco, o de Tomás de Aquino en su levitación teológica.
2011-04-20
Semana mayor 3. Dos apuestas sobre Dios
Hay una apuesta lógica que prueba la conveniencia de creer en Dios. Es la apuesta de Pascal.
Se propone más o menos de este modo: Dudo de la existencia de Dios, pero la duda es el problema, no la solución. ¿Debo o no creer en Dios? Debo, responde Pascal, porque creer en Dios es la opción segura, donde todo es ganancia y nada pérdida.
¿Por qué? Porque si Dios no existe y no creí en él, gané durante mi vida el consuelo de haber creído, y nada perdí al perder mi apuesta, pues nada habrá más allá, empezando por mi conciencia, que nunca sabrá lo que ha perdido. Pero si Dios existe y creí en él, entonces él premiará mi fe y todo para mí será ganancia en el señor: el consuelo de creer aquí en la tierra y el premio de haber creído allá en el cielo.
Un amigo ya ido, Arturo Cantú, me refirió la contraapuesta del escritor mexicano José Revueltas, ateo de solemnidad y hombre de un humor sin límites que regó en su vida más que en sus libros.
Conté la apuesta de Revueltas en el cuerpo de un relato llamado El camarada Vadillo, que recuerda la historia del único mexicano preso en el Gulag soviético, precisamente Evelio Vadillo, trotskista de Campeche, devorado en Moscú en 1935 por la naciente máquina estalinista, regurgitado y vuelto a México en 1957.
La apuesta atea de Revueltas salva el oportunismo de la de Pascal y es igualmente lógica y ganadora. En una impostación de la voz lúcida y juguetona de Revueltas, puede proponerse de este modo:
Yo apuesto, compañeros, a que el compañero Dios no existe. Y no tengo en esa apuesta, nada que perder y todo que ganar. ¿Por qué? Porque si Dios no existe, no pierdo nada, ni siquiera la desilusión de haber pensado que existía. Pero si Dios existe, habrá de saber, en su infinita y simultánea sabiduría, que ahí abajo, en ese mundo pinche que él concibió, anduvo un pobre diablo llamado José Revueltas que creyó de buena fe, con todas y cada una de sus fibras, que Dios no existía.
Y entonces el compañero Dios, en su infinita misericordia, tendrá que decir, a riesgo de contradecir su esencia infinitamente misericordiosa e infinitamente sabia: “Este Revueltas es un pendejo, pero creyó de buena fe, con toda su alma, que yo no existía. Lo menos que puedo hacer para honrar su fe atea de carbonero es salvarlo”.
Con lo cual Revueltas, el ateo, obtendrá su salvación de la misericordia de Dios, justamente porque apostó con todo su corazón a que Dios no existe.
(El relato completo en Pasado pendiente y otras historias conversadas, Planeta 2010)
CARTA AL PRESIDENTE DE MÉXICO, DE UN MÉDICO
EL PRESIDENTE DIJO EN UN DISCURSO:
“LA INSEGURIDAD LA REPRESENTAN UNA RIDÍCULA MINORÍA”
SEÑOR PRESIDENTE:
Efectivamente, el crimen organizado representa una ridícula minoría, que por desgracia afecta a la mayoría de los mexicanos, pero existen desde hace más de 80 años otras minorías que han estrangulado lentamente y sin misericordia a la mayoría de nosotros.
LA RIDÍCULA MINORÍA de diputados y senadores que enfrascados en intereses personales y partidistas han obstruido los cambios legislativos que se requieren con urgencia para nuestro país.
LA RIDÍCULA MINORÍA de quienes forman el poder Judicial y quienes no aplican la justicia por igual, generando un estado de anarquía que ha acabado con nuestra confianza.
LA RIDÍCULA MINORÍA de los dueños de riquezas mal habidas en nuestro país que concentran de manera inmoral e intolerable la mayor parte de los bienes de la nación ante la injusticia de 40 millones de mexicanos en pobreza extrema.
LA RIDÍCULA MINORÍA que dirige el destino de la educación en México, matando antes de nacer una nueva generación de mexicanos destinados desde ahora a la mediocridad intelectual.
LA RIDÍCULA MINORÍA de los monopolios que laceran la economía de los mexicanos.
Señor presidente: Necesita actuar ante éstas y otras RIDÍCULAS MINORÍAS. Si lo hace, la abrumadora mayoría estará con usted, pero si no lo hace, despertará pronto el monstruo dormido de las mayorías, y entonces sí, señor Presidente, ya nada será igual.
Dr. Alejandro Camelo Schwarz
Monterrey, Nuevo León, México
Otorrinolaringólogo, tengo 54 años.