A Contra Corriente

…de todo lo que fue y lo que será

Archivos para Un poco de la vida

Irresistible cosquilleo

Entre palabras melódicas y expresiones intimidantes. Ceguera deslumbrante, deseada e incitante. Encuentros añorados entre esperas infinitas. Inolvidable banalidad e indiscutible tontería. ¿Cómo explicar lo inexplicable, que se siente y no se piensa?, y si se piensa desaparece, ¿cómo decir que la impaciencia te fortalece, pero te vuelve engañoso, deseado, necesario. Una droga que me envuelve, eleva y me deja caer sin oportunidad a negociarlo.

Excitante y peligro, dañino y extasiante hasta quedar sin fuerzas, y no poder reaccionar antes de embriagarme. Y soltar amarras, desnudarme.Yquedar totalmente expuesta, ingenua y vulnerable.

…hasta que el cosquilleo se piensa y se deja de sentir es entonces cuando la pesadumbre llega, se posa y no me permite respirar, me aturde y me congela hasta ya no sentir más y entonces pienso, sólo pienso.

…cuando la contradicción nos alcanza!!

Frío en el infierno, calor en el Himalaya, dolor en la alegría y pena en la gloria, luchar por la justicia y vivir para los lujos, cantar una canción sin entender la letra, besar a alguien sin sentir sus labios, extrañarlo deseando no verlo…¿es posible? Es posible!!

El llanto contenido

Muchas veces me salen tan bien los sentimientos, por cada poro de mi piel y otras tantas nada más no puedo expresar todo lo que tengo dentro estallando sin parar pero sin poder salir. Hoy es un día de estas últimas ocasiones en donde siento el palpitar de mi corazón aunque no haya un momento de silencio a mí alrededor, lo escucho, lo siento bailar en mi pecho, y solo puedo decir que estoy contenta. De camino a mi casa me descubrí sonriendo sin darme cuenta, sin seguir esas señales que el cerebro manda a los músculos para que se muevan. Simplemente sonreí y me alegró encontrarme así.

 

Pero ¿será posible alegrarme porque estoy alegre?, o esa alegría hace parecer que cuando se razona podamos creer que nos alegramos de estar alegres y en realidad simplemente estamos alegres y no nos alegramos de estarlo, porque lo estamos, lo cual significaría que jamás voy a estar triste de estar alegre, o enojada de sonreír.  Y entonces resulta que es muy complejo entender el estado de alegría de una persona, incluso el propio; y expresarlo, aún más. Habemos personas que cuando estamos eufóricamente contentos, lloramos, ¿cómo es eso?, ¿qué no llorar es para expresar tristeza? Pues déjenme decirles que no necesariamente. Llorar es una forma de expresión que resulta de una emoción provocada por un sentimiento y no directamente cometida por el sentimiento propio. Esa emoción, que nos hace vibrar, ponernos la piel de gallina, tener dolor de estómago o nauseas, esa emoción que puede atrapar a cualquiera de los sentimientos es la que provoca que fisiológicamente nos salgan, en algunos casos y seres, lágrimas de los ojos. Sin embargo, la sensación no siempre es agradable claro está. Cuando lloramos de alegría, desde mi muy personal punto de vista, es porque estamos experimentando una tremenda descarga emotiva por algún suceso en particular y que resulta escaso solo gritar, abraza, besar, cantar o bailar, hay que llorar. No obstante, cuando lloramos de dolor y no estoy hablando de dolor físico sino emocional, resulta ser de las peores sensaciones que uno pueda tener. Es como una pérdida que sabemos es irremediable, o por lo menos en ese momento de ofuscamiento así lo percibimos. Lo mismo sucede cuando lloramos de coraje, es una cantidad de emociones muchas veces reprimidas que tratan de salir por el minúsculo agujero que tenemos en los ojos y que sabiamente nos tranquiliza al momento en que gota a gota la rabia sale lentamente.

 

Afortunada soy, que en este momento en el que no sé en realidad porque siento lo que siento, lo que siento me da alegría y no tristeza o enojo. Y por eso me emociono y no quiero llorar porque así como con la tristeza y la rabia, mi felicidad se puede escapar de mis ojos y correr por mis mejillas hasta secase y desaparecer.

…un coqueteo a la vida

No puedo dejar de recomendarles una excelente película sobre la vida de Jean Dominique Bauby, sobre todo a aquellos que creen (creemos) que se le viene el mundo encima porque la escuela es muy demandante o el trabajo les quita el aliento hasta ya no poder respirar o porque apelan demasiado a ese dicho de “hoy no es un buen día, me levante con el pie izquierdo”. Es una singular cachetada con guante blanco para aquellos que alguna o varias veces en la vida hemos sentido ese sinsentido de la misma, que no vale la pena levantarse de la cama o la inutilidad que nos rodea puede más que cualquiera de nuestras capacidades. Tampoco digo que por arte de magia al salir de la sala con la voz entre cortada y lágrimas en los ojos, vayan a hacer y deshacer todo lo que no se han atrevido a hacer y su entusiasmo por la vida y por lo que puedan hacer de ella sea eterno, que mejor, pero lo único que quiero decir es que por más que no se pueda rasquemos entre todo lo negro que vemos a veces en nuestras vidas para encontrar un parpadeo que nos libere de esa estadía de cerrazón deprimente. En su libro Jean-Do, se pregunta: ¿Hace falta un “síndrome de cautiverio” para hacer al hombre consciente y para que los demás empaticen?, ¿Necesitamos enfermar para que los ángeles aparezcan y nos ayuden? Mi respuesta racional, totalmente pensada, es NO, el problema está cuando los sentimientos te impiden razonar con claridad.

Una comida veloz

En un día como tantos y gracias a las fuerzas de lo inesperado o tal vez mera coincidencia o simple planeación, nos juntamos unos cuates a comer y terminamos con unas chelas. Les cuento que la comida sería muy breve porque todos teníamos cosas que hacer o por lo menos fue lo que todos dijimos.

Sin embargo, la plática se tornó interesante, tal vez un tanto excitante y la intensidad de esa conversación nos orilló a pedir una chela y otra y otra más.

Pues resulta que empezamos hablando de las indivisiones de cada uno en la mesa. Resulta que la primera no tenía indivisiones (jajaja, será?); la segunda, a ver a dos hombres en el acto sexual; la tercera, a hablar en público y a un ménage a trois (ella con dos de ellos) y el cuarto lo mismo, un ménage a trois (él con dos de ellas). Pero lo interesante fue que no se quedó simplemente en lo que cada uno sentía sino que resultó haber un ambiente de confianza tal que las preguntas empezaron a fluir.

Frente a un conocido local frente a la institución de estudios en la que caímos por equivocación o por elección empezamos a hablar sobre las construcciones sociales que hacen diferentes las formas de actuar de los individuos pertenecientes a unas y otras. ¿Porqué ese miedo a llamarle a las cosas por su nombre? Fue la primera pregunta que surgió, inevitablemente, en una plática en donde se hacía alusión a la sociedad machista en la que viven mexicanos y sobrevivimos mexicanas. Esa exaltación de la virilidad que el único valiente en esa mesa apoyó como cierta. Esa necesidad de sometimiento y dominación por medio de sexo nombrado como superior con explicaciones como: los genitales externos significan superioridad. Entonces, entre vistas entre ceja y de reojo de las mesas aledañas empezamos a romper esos acuerdos o contratos sociales de lo que es posible decir y lo que hay que callar. El “pene” fue el más aludido sobre todo por la cantidad de sobre nombres que tiene: pilín, pirulí, chilindrín, cosita, niño envuelto, pollito, pajarito, etc., (me imagino que se saben muchas más) y la vagina…pues realmente no entramos en sobrenombres pero fue interesante ver las caras de una mesa de profesoras y secretarias que teníamos justo a lado.

En el contexto machista se pueden derivar muchas pláticas de temas relacionados pero diferentes. Los celos, la posesión y el control es uno  muy recurrido. ¿Por qué ese afán de control? ¿por qué esa necesidad de demostrarle al otro que esa o ese (en menor grado) es de su propiedad? El noviazgo es el paso anterior al matrimonio: la frase del debate. ¿Pero por qué? El noviazgo es algo mucho más que eso, sino, no existiría. Imagínense empezar a andar con alguien sabiendo que si lo haces es para que en un futuro te cases. Tal vez entenderlo de esa forma haría que las relaciones para conocer a alguien fueran menos estrictas, acotadas o con el compromiso que requiere un noviazgo, es decir, ese compromiso tácito de si estoy contigo no puedo estar con otro porque sería violar esa confianza de pareja. Si hubiera una situación pre noviazgo tal vez estaría bien visto salir con una persona diferente cada día de la semana, incluso tener relaciones sexuales con cada una de ellas. Tal vez esto sería la solución a los divorcios porque podrías buscar de entre muchos cual es el que mejor llena tus expectativas en todos los sentidos.  Ahhh pero que creyeron el paraíso terrenal!!!…pues no, porque para tener una relación la decisión es de dos no es uno el que escoge al otro. Uno toma la iniciativa y el otro la finaliza y puede ser el hombre o la mujer en una u otra decisión (aunque hay que tomar en cuenta que en México no es muy bien visto que las mujeres les lleguen a los hombres). Por esto, no es posible buscar y buscar hasta encontrar al ideal porque no siempre va a estar ahí en el momento en el que creas que por fin lo encontraste.

Después y recordando pláticas pasadas se me ocurrió preguntarle al único hombre en la mesa (no crean que fue por montonera) que si besaría a un hombre. La reacción fue muy buena, por lo menos satisfactoria en un principio, para el trío de liberales que estábamos en la mesa. “Si, si lo besaría”, y claro la típica pregunta para hacer dudar a cualquiera: ¿si lo besaríaaaas? Bueno, no estoy seguro, tal vez depende de la circunstancia. A partir de esto nos pusimos a debatir si realmente existen homosexuales y heterosexuales totalmente definidos e incorruptibles y ahora que lo menciono creo que no concluimos nada, todos en la mesa habíamos experimentado situaciones de esas de tercer tipo, socialmente no aceptadas o como quieran llamarles. No obstante todos nos declarábamos heterosexuales.

Finalmente (después de una sobremesa como de 2 horas) por aquello de que todos teníamos cosas que hacer. Hablamos de los violadores y las penas que deberían tener estos…para mi y para él: seres humanos; para las otras dos: animales, especímenes raros y enfermos sociales. Realmente este es un debate muy incursionado y que las posiciones tienden a radicalizarse mucho, sobre todo cuando ya has experimentado un acto de este tipo. Pues resulta que a los violadores (para las dos últimas) tiene que ser sentenciados a cadena perpetua, aplicarles la operación para que no vuelvan a tener una erección en su vida o que sean violados en la cárcel durante su cadena perpetua para que vean lo que se siente. Para él y para mí, resulta que no es hacer justicia utilizar a ley del talión “ojo por ojo diente por diente”. Y aunque los criterios para determinar las penas según el delito, sean aún desconocidos para nosotros, la pena dictaminada por el juez es la única legítima para el castigo del delincuente, ya que si se permite, lo que actualmente se permite, es decir, que después de recibir sentencia el delincuente siga siendo juzgado y castigado dentro de prisión es objeto de cualquier tipo de violación a los derechos humanos inherentes de toda persona. Además eso orilla a que si por equivocación, un encarcelado por robar un pan, se le confunde con violador será víctima de estos castigos impuestos sin razón o fuera de lo legalmente establecido. ¿Creen que un violador tenga que ser violado para castigarlo por lo que hizo? No lo creo así.

En fin, un poco de la vida, de diferentes pensamientos que convergen en muchas situaciones o a veces simplemente en una comida veloz.